Odio el término “ama de casa”

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Vinieron a mi casa a enseñarme una aspiradora que es la octava maravilla. El modelo de ventas ya en si mismo era muy anticuado (venir casa por casa a enseñarlo), pero lo peor fue que el señor que me hacía la demostración no dejaba de decir “lo que el ama de casa necesita es esto”, “lo que el ama de casa quiere es el otro”, “con esto ayudamos al ama de casa a no sé que tanto”. Ahí me di cuenta, ODIO EL TÉRMINO AMA DE CASA.

Y si, no trabajo en una oficina 8 horas al día, me quedo en casa todo el día cuidando a mis niños, y hago una que otra labor doméstica, pero no, no me considero una “ama de casa”. El término me hace sentir en los 50s, me faltaría mi falda con crinolina, mi delantal y un collarcito de perlas.

Yo pertenezco a la generación de las “mamillennials”, y cuando conocí este concepto me dio mucha paz mental.

Si, soy mamá de tiempo completo, aún cuando tengo una carrera y hasta maestría, y haber tomado esa decisión no fue fácil. Cuatro años después todavía sigo sintiendo que muchas mujeres critican mi decisión (ya sabemos que no podemos darle gusto a todos). Tengo que confesar que cuando tengo que contestar la temida pregunta de “¿a qué te dedicas?” a veces me da pena decir “no trabajo, me quedo en casa con los niños”.

Pero conocer e identificarme con esta corriente de las “mamillennials” me ha dado mucha tranquilidad, ahora sé que lo que siento y pienso es normal y que soy parte de una generación que se siente igual que yo, ¡no soy la única!

Antes sentía que era una contradicción querer quedarme en casa con mis hijos, pero también querer tiempo para mi y para hacer cosas que me gustan, no solo perseguir niños y cambiar pañales todo el santo día.

Antes sentía que era una mala madre por decir “si, amo a mis hijos, son lo máximo, pero es una friega cuidarlos”.

Si, me encanta jugar con mis niños, disfrutarlos, tirarme en el piso con ellos a jugar y carcajearnos, inventar juegos, meterme a Pinterest a sacar miles de ideas de cosas que puedo hacer con los niños. Y consultar tooooodo lo que se me ocurre en internet.

Si, si sé cómo se pone una lavadora y sé preparar la comida, pero no, no es mi máximo en la vida, y si pudiera comprar una máquina que hiciera todo esto por mi, lo haría.

Y no es por flojera, de verdad que no. A veces creo que en esta generación estamos más cansadas que las mamás de antes. Y no porque hagamos más labores domésticas, pero es que tanto bombardeo de información también da mucho trabajo: quieres hacer todo lo que ves en Pinterest para tener una casa hermosa, leer toda la información que hay disponible sobre crianza, sobre bulling, meditar y hacer yoga, buscar recetas para que la dieta de la familia sea más alcalina, hacer todas las rutinas de ejercicio que tus amigas comparten en Facebook, inventar juegos didácticos para mejorar la motricidad de los niños, buscar ideas para el lunch más saludable. Además, quieres tener tiempo para leer un libro, aprender a hacer algo nuevo, poder platicar con tus amigas, ver la serie que todos te han recomendado y un montón de cosas más.

Creo que es justo decir que no somos “amas de casa”, somos mucho más, somos una nueva generación de mamás, y me encanta pertenecer a ella. Y si, ya lo puedo decir con orgullo, aún en esta época, decidí dejar mi carrera por dedicarme a mis niños, en una nueva forma de maternidad que no es sufrida ni abnegada.

La próxima vez que me pregunten a qué me dedico voy a decir: “a ser feliz”.

(Y no, no compré la aspiradora, no aspiraba por mi).

Si quieres saber más detalles sobre las “mamillennials” te recomiendo este post que me encantó: Ma-millennials? Las mamás modernas??

 

 

 

Diciéndole adiós al Abo

Abo

El año en que nació mi segunda bebé, fue también el año en que mi papá murió, tan solo mes y medio después.

Después de una larga enfermedad y una agonía pesada para todos, mi papá finalmente descansó. Descansó él de una batalla que ya no quería seguir peleando, y descansamos todos los que estábamos a su alrededor. Descansamos porque era muy pesado verlo sufrir, verlo vivir sus últimos días sin querer vivir, verlo en una agonía que parecía no terminar.

Los primeros días son una mezcla de caos y alivio. Llenos de gente, pésames, buenos deseos, buenos recuerdos. Tanta gente hablándote, mandándote mensajes, escribiéndote en Facebook, tanta gente en el funeral. Están por supuesto las personas cercanas, esas que estuvieron todo el tiempo de la enfermedad y de la agonía, están las personas que nunca has visto en tu vida pero se acercan a darte el pésame, están los amigos y conocidos que ni te imaginabas estarían a tu lado. Y poco a poco todos vuelven a su vida normal.

Recuerdo que me daba risa tanto pésame de “por favor, lo que necesiten, nos avisan”. Hasta pensaba, deberíamos ir hablándole a todas esas personas que nos ofrecieron eso y decirles: “¿podrías venir a lavar los platos, lavar y planchar la ropa, cuidar a los niños, hacer la comida, recoger la tintorería?”. ¿Lo que necesiten?, claro, son buenas intenciones, pero lo que necesitas en un momento así es tiempo, tiempo para descansar y tiempo para vivir tu duelo, pero muchas veces te encuentras tu también regresando a tu vida diaria y dejas de lado eso que más necesitas: tiempo para tu duelo.

Tu vida cambia, y al principio cambia para bien. Te convences todos los días que era lo mejor, incluso de repente te encuentras hasta consolando a los demás “si, era lo mejor, ya estaba muy cansado”, “no te preocupes, estamos bien, estamos ya tranquilos de que terminó el sufrimiento”, “lo que estaba viviendo ya no era vida”.

Pero poco a poco la realidad te va alcanzando: lo extrañas, te hace falta y te das cuenta de todo lo que ya no vas a vivir con él: ya no va a jugar con mis hijos, ya no va a estar en los cumpleaños, ya no va a estar en las navidades y años nuevos, ya no tengo que pensar qué regalarle de cumpleaños, ya no tengo que pensar en cómo dividirme en el día del padre, ya no va a estar en los viajes.

Y la gente a tu alrededor tendrá paciencia y compasión de ti las primeras semanas y los primeros meses, pero es una realidad: la gente que no ha perdido a un padre no sabe lo que estas pasando. De repente ya pasaron 3 meses, 5 meses, 9 meses y tu lo seguirás extrañando, seguirás llorando de vez en cuando, seguirás estando enojada de la “nada”, y quién no lo ha vivido no podrá entenderte, pensarán que estas enojada o triste por cualquier otra cosa. A veces hay que ser paciente en tu propio duelo con los demás, tal vez hasta envidiándolos de que no entiendan por lo que estas pasando.

Y la vida, con su poética y poco sutil forma de decirte “la vida sigue” en la forma del llanto de un bebé que te necesita. Estas empezando un duelo con el corazón dividido entre el dolor de perder a un padre, y la enorme alegría de recibir a un bebé nuevo en casa. Y además, con la preocupación de no pasarle la tristeza a ese bebito recién nacido, ya sabes, no falta quien te diga: “ten cuidado, los bebés todo lo perciben”, “claro que se da cuenta de lo que sientes”, y agrégale a tu duelo la preocupación por “estar bien para tu bebé”.

Y eso no es todo, estas empezando una etapa en la que además de todo tienes que cuidar los sentimientos del hermano mayor. “¿Cómo le explico que el Abo ya no está?”, “¿cómo le explico que aunque tenga a 10 bebés más, nunca lo voy a dejar de amar?”, “¿cómo le explico que esta bebita llego para quedarse y que además la va a amar?”, “¿cómo divido mi tiempo y mi corazón entre dos chiquitos, mi duelo y mi vida?”.

Por la parte de explicarle a los niños la muerte del abuelo, la verdad a veces es más fácil de lo que uno cree. Por supuesto que tenemos ganas de protegerlos y que no sufran absolutamente nada, pero por un lado, eso es imposible, tienen que vivir la vida como es y más que protegerlos lo que podemos hacer por ellos es explicársela lo mejor que podamos, y por otro lado, a veces los niños toman la muerte de una manera mucho más natural que nosotros como adultos.

Eso de que “los hijos son los grandes maestros” es brutalmente ejemplificado en este caso. Mi niño grande me ha ayudado muchísimo en este proceso de duelo. La muerte del Abo para él ha sido algo natural. Claro que tiene dudas, y a 10 meses de la partida de mi papá todavía a veces sigue diciendo cosas como “quiero ver al Abo” o “¿dónde está el Abo?” y ahí voy a explicarle de nuevo de la mejor forma que puedo “mi amor, el Abo ya se murió, ya no lo vamos a ver chiquito”. Pero luego es tan espontáneo, le estoy contando un cuento donde algún personaje se muere y su primera reacción es “como el Abo”, tan quitado de la pena.

Para los chiquitos la muerte no es un tabú, no es un tema prohibido, y mientras que si es un misterio que están descubriendo, es parte de la vida para ellos. Es como recibir a un nuevo hermano en la familia: no saben qué es, de qué se trata, cómo se sienten al respecto, pero lo van descubriendo con curiosidad y lo van viviendo como viven y aprenden cualquier otra cosa.

Una de mis preocupaciones era “no quiero que me vean llorar”, pero no es sano ni para ti ni para ellos. Tu necesitas llorar y necesitas llevar un duelo sano, y ellos necesitan entender que en la vida hay cosas que duelen, que se vale estar triste y que se vale llorar. Pero con un punto muy importante: hay que explicarles porqué lloras y que entiendan que no es su culpa. Tan sencillo como un “es que extraño al Abo, estoy triste porque ya no está con nosotros”.

Por el lado de la bebé, es una pena recibirla en esta situación, pero no deja de ser una felicidad en tu vida. Como decía antes, la vida con su poética y poco sutil forma de decirte que “la vida sigue”. Y claro que sigue, lo quieras o no. Y no tienes que sentirte culpable de sentir alegría por el nacimiento de un bebé, por ver su primera sonrisa, su primera carcajada, el primer día en que los hermanos se conocen, la primera noche que duerme completa… Yo creo que más que sentirte culpable de sentir alegría en pleno duelo, debes estar agradecida con que la vida te da esta oportunidad de balancear el saldo.

Recibir a un bebé es una montaña rusa de emociones: estas feliz, estas cansada, estas enojada, estas triste, sientes miedo, estas extasiada de amor, estas emocionada. Perder a un padre es una montaña rusa de emociones: estas triste, estas cansada, estas enojada, sientes culpa, sientes miedo, recuerdos buenos, recuerdos malos, ansiedad, tranquilidad.

Vivir las dos cosas al mismo tiempo es agotador emocionalmente, pero no hay nada que puedas hacer para evitarlo.

En mi opinión, lo mejor que puedes hacer es pedir ayuda: a las personas más cercanas explicarles lo que estas viviendo, que no es algo que se vaya a pasar en un par de semanas o meses, que vas a necesitar paciencia, que muchas veces vas a estar enojada y no es su culpa, que muchas veces te vas a sentir triste y no hay nada que puedan hacer para evitarlo. Pide ayuda a un profesional, una persona preparada que te ayude a vivir tu duelo de la manera más sana posible.

Muchas veces tienes ganas de llorar, a veces incluso estás llorando la pérdida de tu papá y de repente un “mami, ¿juegas conmigo?” te interrumpe. Un día estas muy triste y no tienes ganas de hacer nada, pero un llanto te recuerda que es hora de cambiar un pañal. Si, es difícil vivir un duelo tan fuerte como la pérdida de un padre en medio del caos de la vida diaria con niños chiquitos, pero es lo que te tocó vivir y no hay nada que puedas hacer. Pero no pierdas la oportunidad de vivir tu duelo, no te escondas en los pendientes de la vida diaria. Lo necesitas, necesitas llorar a la persona que ya se fue, necesitas vivir tu duelo.

¿Qué el tiempo todo lo cura?, no lo sé. No sé si alguna vez dejas de extrañar, no sé si deja de doler la ausencia y todo lo que ya no pudiste vivir con ese alguien. Pero si tienes que aprender a vivir con lo que te tocó y a disfrutar la vida con lo que tienes, porque también hay mucho que disfrutar, aún en la peor de las épocas.

Porque de las pérdidas también vienen ganancias. Últimamente me ha dado por pensar en la frase “perdí a mi papá”, pero me doy cuenta de que realmente no lo “perdí”. Lo tengo más presente que nunca en mi vida, he reflexionado más de su vida, y de mi vida con él en estos meses, que en todos los años que viví con él. Todo lo que me dejó, todo lo que me enseño (lo que quiero aprenderle y lo que no quiero repetir en mi vida), la familia que formó. Y todo lo que me queda de haber vivido la experiencia de su muerte: me conozco mejor, sé de dolor pero también sé cómo recuperarme, aprendí de compasión y de mucho amor que puedes recibir de personas que no te imaginas, hoy entiendo la muerte como algo natural, sé de solidaridad y entiendo el dolor de alguien más que esta pasando por lo mismo.

Te extrañamos Abo, pero no te perdímos.

 

 

 

El Mercado de Sonora

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Si estas planeando una fiesta y vives en el D.F. o cerca, puedes visitar el famoso Mercado de Sonora. Los precios son buenísimos y la variedad increíble. A mi no me queda muy cerca que digamos, y hubo un momento en que pensé si sería mejor ir a cualquier super o tianguis a comprar todo lo que necesitaba para la fiesta de mi niño con tal de evitarme el trayecto, pero finalmente me animé y no me arrepiento para nada. Es toda una experiencia visitar este lugar, y lo que te ahorras comprando aquí hace que valga la pena la vuelta. Pero si, tienes que ir mentalizado a que no será un viaje fácil: gente por todos lados, no hay nada de orden, todo mundo te empuja, quieres llevarte de todo para la fiesta…

Les comparto algunos puntos que aprendí de esta visita.

  1. Con o sin niños

Definitivamente SIN niños. Hay mucha gente, los pasillos son muy estrechos y si uno como adulto va embobado de todo lo que hay en los puestos imagínense los niños rodeados de juguetes y dulces de todo tipo.

  1. Qué puedes encontrar aquí

En el Mercado de Sonora se pueden encontrar puestos que venden animales, productos esotéricos, herbolaria, etc, pero es particularmente famoso para productos de fiestas:

Piñatas, juguetes, dulces, platos, manteles, adornos, recuerditos, velas, globos, etc, etc, etc. Prácticamente todo lo que vas a necesitar para tu fiesta lo vas a encontrar aquí.

  1. Antes de ir planea tu visita. ¿Qué y cuánto necesitas comprar?

Los precios son tan buenos que te puedes deslumbrar y empezar a comprar y comprar y comprar y comprar. Cuando te das cuenta ya compraste muchos más juguetes, dulces, platos y globos de los que necesitabas.

Haz un estimado de las personas que van a tu fiesta (cuántos niños y cuántos adultos), y planea qué tipo de cosas quieres comprar y en qué cantidad. ¿El recuerdito para la salida de la fiesta? ¿los platos y cubiertos desechables? ¿los dulces y juguetitos de la piñata? ¿juegos para darle a los niños durante la fiesta?

  1. Hacer pedidos anticipados

Si no tienes mucho tiempo o ir de puesto en puesto no es lo tuyo, existen lugares donde puedes hacer tu pedido por anticipado y solo ir a recogerlo (o incluso pedir que te lo envíen por paquetería, aunque con esta opción te sale más caro).

Aquí les comparto un par de páginas de los puestos que visite:

www.adijuguetes.com

www.wiwi.com.mx

  1. Coche o metro

Todo depende de la cantidad de cosas que pienses comprar. Si vas a comprar pocas cosas la opción puede ser usar el metro porque definitivamente vas a llegar más rápido, pero si piensas comprar muchas cosas te conviene llevar coche para poder ir al coche dejar algunas cosas y regresar a ver lo que te falta.

En las cercanías hay muchas opciones de estacionamiento, en algunos lugares incluso puedes estacionarte tu mismo y llevarte las llaves de tu coche.

  1. Antes de comprar revisa la calidad de los productos

Desde los precios te puedes imaginar que no es un juguete de gran calidad lo que estas llevando, pero si te recomiendo revisar los productos antes de comprarlos. ¿Prenden las lucecitas de la pelota?, ¿las ruedas del cochecito se mueven?, ¿esta roto?, ¿sube bien el cierre de la mochilita?, etc.

  1. Tarjeta de crédito o efectivo

En algunos puestos aceptan tarjetas de crédito, pero si te cobran un porcentaje extra por las transacciones. Lo mejor es llevar efectivo.

  1. Seguridad

La verdad es que yo no tuve ninguna mala experiencia, pero como en cualquier lugar con tanta gente y como en cualquier gran ciudad lo mejor será tener cuidado. Trata de no llamar la atención, si puedes no te lleves bolsa, separa tu dinero, etc.

  1. Regatear

Los precios son muy buenos, pero en algunos lugares habrá más espacio para regatear y buscar mejores ofertas. No te quedes con el precio que ves en el primer puesto, hay muchísimos puestos, muchos de los productos los encuentras en varios puestos y puede ser que con mejores precios. Y una realidad es que en algunos puestos como te ven te cobran.

Si se animan a ir, mucha suerte y vayan con mucha paciencia, seguro se tardaran más de lo que habían imaginado.

http://www.mercadosonora.com.mx

Av. Fray Servando Teresa de Mier 419,

Venustiano Carranza,

Merced Balbuena,

15800

Ciudad de México, D.F.

¿Y si le ayudamos un poquito a México?

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Hace poco leí un post que se llamaba “Yo ayudé a escapar al Chapo”[1], una reflexión que me pareció muy interesante y la verdad no me pareció tan “radical” como su autor lo sugiere, más bien me pareció, muy tristemente, real.

Básicamente una reflexión de cómo vivimos los mexicanos con el lema de “el que no tranza no avanza” tatuado en el alma. Y a mi me hace preguntarme, ¿desde cuándo empezamos?, ¿no estaremos contribuyendo a que las siguientes generaciones sigan creciendo con esa idea?

Y es que ¿han visto cómo actúan algunas mamás durante la piñata de las fiestas? Tratan de meter al niño (más grande que todos los demás) a la fila, para que le pegue antes que todos a la piñata. Tratan de que su niño le pegue dos veces a la piñata para que no haga berrinche. Y ya que los dulces cayeron, hasta le dan instrucciones de cómo acaparar lo más posible a expensas de que otros chiquitos se queden sin dulces.

¿Y las otras mamás? Mejor ni decimos nada, no se vaya a enojar nadie. Vamos a alguna ludoteca y nunca falta el niño gandalla que trata de arrebatar todos los juguetes y la mamá que se hace de la vista gorda. Y para evitarte problemas, mejor te llevas a tu niño a que juegue a otro lado.

Y luego por qué nos sorprende que nadie le pida cuentas a los funcionarios que nos “representan”, por qué nos sorprende que 8 meses después del escándalo de la Casa Blanca de la Gaviota no haya pasado nada.

Vamos por la calle y con suerte le enseñamos a nuestros niños que no está bien tirar basura en la calle, pero no les enseñamos a recoger la basura que te encuentras tirada porque “que asco” (y la verdad me incluyo en esto).

Con suerte le enseñamos a nuestros niños que podemos ayudarle a los niños de la calle dándoles una moneda “para un pan”, pero no los involucramos realmente en actividades altruistas.

Porque como dice Denisse Dresser en su libro “El país de uno” vivimos en un país rentado.

“Por eso pocos lo cuidan. Pocos lo sacuden. Pocos lo aspiran. Pocos lo lavan. Pocos lo enceran. Pocos piensan que es suyo. Pocos lo tratan como si lo fuera. Porque como dice Larry Summers, el presidente de la Universidad de Harvard, nadie nunca ha lavado un carro rentado.”[2]

Y eso es lo que le estamos enseñando a nuestros hijos. México necesita toda la ayuda que podamos darle, y yo creo que nuestro granito de arena está en cómo educamos a nuestros hijos. ¿Y si le ayudamos un poquito a México?

[1] Luis Elizalde. (2015). Yo ayudé a escapar al Chapo. 2 de Agosto de 2015, de Roast Brief Sitio web: http://www.roastbrief.com.mx/2015/07/ayude-escapar-al-chapo/

[2] Denisse Dresser. (2011). El país de uno: reflexiones para entender y cambiar a México. México: Aguilar.

9 consejos para hacer manualidades con los niños

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Un buen plan para tener a los niños entretenidos en el verano es hacer manualidades con ellos, pero si no lo planeas bien también puede convertirse en una pesadilla para ti. Aquí les comparto 9 consejos que he aprendido a través de muchas pruebas y errores.

  1. Antes de empezar las manualidades asegúrate que no tiene hambre o ganas de ir al baño. Es muy complicado que pueda comer algo o salir corriendo al baño cuando esta completamente embarrado de pintura.
  1. Solamente saca lo que vas a usar. Si tienes a la vista todos los suministros de papelería lo más seguro es que tu niño va a querer agarrar todo menos las cosas que tienes planeadas para la actividad.
  1. Antes de sentar al niño ten todas las cosas que vas a usar listas. La paciencia no suele ser una característica de los niños pequeños.
  1. Usa una silla con cinturón para tener más control. Así puedes evitar que salga corriendo con las manos llenas de pintura a ensuciar paredes o sillones.
  1. Usa mantel de plástico en mesa y piso y pégalo con masking tape para que no se resbale.
  1. Usa una bata o ponle ropa que pueda ensuciar.
  1. Ten expectativas realistas del resultado. Lo más seguro es que no te saldrá igual a como se ve en Pinterest. Se flexible si el niño encontró una forma más “divertida” de jugar y no hace las cosas tal como lo mostraba el tutorial que encontraste en internet.
  1. Ten siempre toallitas húmedas a la mano para controlar cualquier situación.
  1. En mi opinión, una manualidad que vale la pena es una en la que el niño se entretiene más tiempo que el tiempo en que te tardas en prepararla. Busca actividades sencillas, generalmente son las que más los entretienen.

¡Mucha suerte!